La historia del relojero.

“Hace ya un par de años que aquella chica se había mudado a aquel edifico antiguo pero por partes nuevo.

No se acababa de acostumbrar a la nueva casa y se pasaba días encerrada en su habitación escribiendo,cantando o mirando al techo,eso si no estaba dando largos paseos alejandose de todo y de todos.

Siempre le pasaba igual, no estaba pendiente del tiempo y al final volvía a casa tarde y sin hacer las tareas que le había dejado su madre.

La rutina era algo realmente agobiante para ella, miraba por la ventana como un pájaro quiere escapar de su jaula pero al final, como aquella chica, no lo hace.

Escondía sus lágrimas entre canciones de Jazz y palabras garabateadas en folios, tarareaba canciones inventadas por su corazón que no atendían a razón.

Y por la noche, el insomnio la abrazaba y ella le respondía con cariño.

Un día sin saber muy bien porqué necesitó algo y fue a pedirlo al vecino, din don ,un hombre mayor con una sonrisa alegre le abrió la puerta expectante por la desconocida que estaba frente a él.

Ella le miró curiosa,preguntandose porqué alguien como ella sería del interés de nadie.

Y así empezó la amistad entre aquel hombre, que solía ser relojero y esa chica cuyas incógnitas empezaban a dejar de serlo.

Él le contaba historias de cuando era joven, de un Madrid diferente pero con esa esencia que perdura hasta ahora.

Ella le contaba sus sueños y lo que le gustaba.

Entre chistes y tazas de cola-cao caliente pasaban los meses y cada día se unían más y más, como nieta y abuelo.

Y pasaron los días, los meses y al final los años.

Él se pusó de repente muy enfermo, por causa de un cáncer que no había querido tratar en su momento.

Ella se asustó, una de las pocas veces que supo que el miedo era capaz de hacerla llorar.

Y acabó pasando aquello que se puede posponer pero no evitar, él murió.

Y parte de ella murió con él.

Días y días llorando, mientras se hacía a la idea de que su viejo amigo se había ido.

Entonces fue cuando comprendió que él le había regalado el mejor de los regalos, su tiempo.

Y aquellas lágrimas que antes eran de dolor se convirtieron poco a poco en añoranza dulce.”

-Porque no hay nada como el hecho de que alguien pase tiempo contigo, porque  te regala su tiempo.-

 

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