El orgullo es como el dinero.

Solía ser de esas personas que creían realmente que una amistad es capaz de soportarlo todo, que la típica frase de “Friends Forever” significaba algo de verdad.

Esto es lo que yo he aprendido por experiencia, que las frases de “amigas para siempre” suelen durar más escritas en la agenda del colegio que lo que la amistad dura de verdad, que curiosamente quien no escribe esa misma frase al enviarte cartas es la misma persona con la que eres amiga de verdad, que no necesitas que te digan “somos amigas de verdad” porque queda sobradamente demostrado.

Y tantas cosas, detalles que hacen de una amistad algo realmente único y verdadero.

Que el orgullo acaba rompiendo incluso la amistad más intensa.

Uno se puede aferrar a esa ilusión tonta de … “tengo mi orgullo”, pues bien, el orgullo no va a cuidarte ni a preguntarte “¿Qué tal vas?” cuando lo estás pasando mal, ni te va a abrazar mientras lloras porque te han roto el corazón, ni va a estar hasta las tantas de la madrugada hablando de todo y de nada,etc.

Así que no dejo que mi orgullo haga daño, lo pisoteo si hace falta, si la persona lo merece, eso sí sin dejar de lado lo que valgo como persona y más.

Es triste ver, vivir, ser testigo de cómo el orgullo pone fin a relaciones que eran o son verdaderas.

Abajo el orgullo, viva la humildad.

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La forma de hacer las cosas puedo cambiarlo todo

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Porque si lo haces de esta manera difícilmente harás mal nada.

He de reconocer que muchas veces para mí cumplir esto no es nada fácil, suelo sucumbir al hecho simple de “hacer por hacer”, mientras este hecho da igual cómo, he cumplido y listo.

Pero es verdad que al hacer las cosas con excelencia la perspectiva llega a sorprenderte positivamente.